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Si se trata de “adultos que cuidan a su niño interior”, todos los caminos siempre nos conducen a las embarazadas, y la cuestión se reduce en el lado femenino (porque está visto que el filipino falló y lo de De la V en una revista fue photoshop). Sin embargo, el patriarcado ha quedado sepultado y suena bien lejano eso de la mujer quedándose en la casa para cuidar el niño. Pero además del divino deber de hacerse cargo de una criatura y, antes que nada, uno tiene que lidiar con un engendro que se pasa cada vez más tiempo con uno mismo, anidando en ambos sexos (aunque las damas dirán que vive mucho más en los hombres), y poco dispuesto a abandonar el cuerpo, superando con creces el período conocido como “la edad del pavo” e instalándose definitivamente en la adultez. Si bien es un acto individual, la conducta de mantener el “niño interior” se está haciendo tan global que los expertos en marketing y sociólogos están hablando de una generación “kidult” -contracción del inglés kid (chico) y adult (adulto)-. Un cultura transgeneracional, propia de una sociedad sin edad que no para de captar adeptos como tampoco de consumir contenidos y productos para “adulescentes”.
Degeneración
Que ya no sea sólo cosa de chicos andar todo el día con las zapatillas Puma, Adidas u All Stars (Converse), además de tener a mano a cualquiera de ellas para una salida nocturna, no es un fenómeno aislado del boom de lectura por Harry Potter, como tampoco de la fascinación por las producciones de Hollywood como Shrek, El Señor de los Anillos, o la inminente Los Increíbles; asimismo de la regresión por los héroes y series de culto de los años 70 como El Hombre Araña, Gatúbela o Starsky & Hutch. Si bien la reivindicación de los valores de la infancia no es algo nuevo, la masividad que ha tomado esta conducta en la actualidad a nivel global, hizo que muchos empresarios del mercado vieran la punta de un gran negocio. Tener un producto que satisfaga un segmento de variada edad y que tenga rotundo éxito, es un sueño que la ola juvenil lo transforma en realidad de la misma manera que un ogro verde termina resultándole simpático tanto al padre como al hijo. En la jerga del marketing la tendencia empezó a ser conocida como “Peterpandemonium”, tomando la esencia del cuento para nombrar a los eternos adolescentes que se niegan a crecer. Pero desde hace un tiempo, la expresiones “Kidults” o “adulescents “ han sido las mejor adoptadas para denominarlos. “Los precursores o líderes de este movimiento son principalmente de la generación 65 en adelante, también llamados como la Generación X, a menudo considerados como la generación sacrificada porque son los primeros en haber sufrido los divorcios, las familias monoparentales o recompuestas, y en haber sido entregados a sí mismos porque sus padres trabajaban la mayor parte del tiempo. Se alimentaron con la violencia en televisión y en la calle, el sida, las crisis del empleo, la decadencia de los valores tradicionales, y la amenaza creciente del terrorismo y de las guerras de religión”, sostiene un artículo publicado en el portal ABC de Francia.
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