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En las últimas veinte ediciones de Las Rosas nos hemos referido a diferentes temas inherentes a las relaciones humanas. Hablamos sobre el neofeminismo, de los nuevos roles de los hombres, de la crisis del matrimonio como institución, de los verseros, sobre la histeria femenina, de los atributos físicos, del sexo esporádico, sobre los amantes, y de los touch & go, entre muchas otras cuestiones. Pero nunca le hicimos un merecido homenaje a aquellas personas que batallan a diario a favor de un valor moral significativo: la fidelidad. Pocas veces, o casi nunca, se le da espacio a las personas que ¿eligen? el camino de la honestidad en la pareja. Que miran pero no tocan otra cosa que lo propio. Que escuchan pero le hacen el filo salvo a su pareja. Que imaginan pero sólo hacen realidad a la persona que los acompaña… ¿Hipocresía manifiesta o entendimiento y lealtad? Como sea, aún la monogamia continúa siendo una opción.
Le altar
La versión cinematográfica de la obra teatral “Closer” (estrenada en el país hace algunas semanas) instaló en el debate diversas cuestiones que refieren a relaciones de pareja: las miradas masculinas que interrogan a lo femenino y viceversa, la soledad, el abandono, la vida en pareja, el sexo, la frustración, y la arrogancia. Si bien, el film busca ser una comedia dramática incluyendo mentiras y situaciones hipócritas que nos rozan de cerca, no hace juicio de opinión ni intenta mostrar el bien y el mal, lo moral o inmoral. Pero toma partido por las cuestiones de infidelidad señalando a través de sus protagonistas, que con las vidas paralelas nadie gana, y todos pierden.
Nada nuevo bajo el sol, por supuesto. Sobre infidelidad mucho se dice, y obviamente (ahí está la joda) poco se sabe. Pero de lo que menos se conoce es sobre fidelidad .
Ahí, en el más puro anonimato, se encuentran aquellos que se mantienen insobornables a compartir (o agregar por terceros) calor a sus parejas. Como es esposados a la firme idea que el todo se completa con su media naranja, sobreviven a los acosos o a la demanda de los que buscan pasar un buen rato. Por eso, posiblemente haya algo mucho más importante que el problema de la infidelidad, y es el problema de la lealtad. “No sé muy bien que es la infidelidad, sí sé qué es la deslealtad. Se puede ser infiel y no ser desleal, y se puede ser muy desleal sin ser infiel”, sostiene el escritor Abelardo Castillo, dejando tela para cortar…la moral.
Moral (mente) aceptado
En un capítulo del Doktor Faustus, de Thomas Mann, se cuenta la fábula medieval de un hombre que ama tanto a su mujer que no puede desear a ninguna otra, entonces empieza a sentir que está endemoniado, que le han hecho una brujería. Finalmente acaban quemando a una mujer. Como sostiene el sabio escritor, todas las especulaciones sobre la fidelidad o infidelidad están basadas en la moral, y la moral es un factor histórico y ambiguo. Por lo tanto, existe una carga moral de inhibiciones, restricciones, límites y prohibiciones a las relaciones humanas que fueron implantados por ciertas esferas de lo social, y socialmente aceptado.
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