| Poner el cuerpo es enfrentar una situación que probablemente ha de requerir todo de sí mismo. Es hacerse cargo de lo que a uno le ha tocado debiendo resistir sin miramientos. Pero también ahora “poner el cuerpo” es la identidad, el DNI de pertenencía a una sociedad que lo reivindica como un bien supremo. Mientras el estereotipo de belleza funciona como una llave maestra que abre todas las puertas del éxito, y muchos de nosotros nos embarcamos en perseguir ese ideal que rebota –fundamentalmente desde
los medios de comunicación, la época de vacaciones entrega cuerpos con poca ropa.
Cuerpos que hacen bien a la vista con perversos que esperan ser quienes los desvistan.
Colas que se hacen paradas y no son paradas las que se hacen colas. Lomos que se ponen desnudos cuando es habitual que, no sean esos, los que ponen el lomo el resto del año.
En definitiva, son lolas que no están solas, músculos para nada minúsculos, y caras como máscaras perfectas, un culto al cuerpo que nada oculta.
Que muestra, que espera ser admirado, bastante envidiado, algo tocado, pero muy celebrado.
El cuerpo del listo
“El siglo XX estuvo marcado por un desnudamiento y flexibilidad cada vez mayores, la apariencia física pasa a depender cada vez más del cuerpo y cuidarlo se torna una necesidad, pues cuidar el cuerpo es prepararlo para ser mostrado”, afirma la profesora Ana Lucía de Casto en “Culto al Cuerpo, modernidad y medios de comunicación”. Si la apariencia depende más que nunca del propio cuerpo, por lo tanto hay que estimularlo y mantenerlo. Entonces, la preocupación por el aspecto asume las características de imperativo, de mandato social, y la dedicación y el esmero por trabajar y moldear la propia exterioridad se constituye en la magnitud de la virtud individual. Algo que en estos tiempos de alta temperatura se hace mucho más evidente.
“Obviamente en verano los cuerpos se muestran en su máxima expresión y aunque la excusa de exhibir un buen físico pasa por el levante, son muchos que sólo lo hacen por vanidad, se pasan largas horas haciendo alarde de ‘mirá que lindo que estoy’”, se queja Emilia Brodi (25).
Claro que no sólo de vanidades y de levantes vive el hombre, en las sociedades contemporáneas, la noción de venderse a sí mismo se desprende de un imaginario donde el atractivo físico y el peso corporal se han erigido no sólo en la medida de lo socialmente deseable, sino además en lo moralmente correcto. Pese a que la devoción –tal vez exagerada- de rendirle un culto al cuerpo es propia de nuestros tiempos, desde “Adonis” y su imagen eternamente joven, en cada período de la historia diferentes sociedades han proclamado determinados estándares de belleza.
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