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Máximo Cozzeti podía ser productor de televisión, funcionario de la CIA o cocinero, al que fuera le tomaba prestados los rasgos propios y lograba desenvolverse con una profesionalidad que forjaba verdadero lo que no era tal. La original serie de Damián Szifrón sólo ocurrió en la ficción pero nuestra realidad proyecta asiduamente a numerosos simuladores de ambos sexos que hacen culto de la apariencia. Bien lejos del simpático estilo de aquellos anti héroes, los “caretas”
siglo XXI incorporan esa práctica como una forma de vida sin que se les caiga la más-cara de vergüenza.
Máscaras y caretas
De ser común en las celebraciones cristianas medievales hasta resultar protectoras de enfrentamientos armados, las máscaras son usadas por el ser humano desde la era paleolítica. Confeccionadas con materiales diversos que han ido variado a través del tiempo, fueron evolucionando y cambiando sus usos hasta la actualidad en donde casi únicamente son recurridas en los carnavales
o fiestas de disfraz. “Cuando se trata de cubrir el rostro o de disimular rasgos de la cara o como parte de un disfraz se usa la careta, mientras que en algunas culturas se siguen utilizando con fines religiosos a las máscaras”, explican en el portal Educ. ar.
En la importada celebración de Hallowen son habituales las caretas de la parca
o de calaveras, uno siempre recordará la de Jackson o la del personaje que aterrorizaba en “Noche de brujas”. También alguien traerá a su memora la clásica de Carlitos Balá o la archi difundida de Mickey Mouse. Caretas de goma, plástico o látex, siempre serán una opción para el disfraz. Y no faltará uno que
proponga sólo un hilito de oreja a oreja.
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