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La rubia, la bebota, la que con su ingenuidad ratoneó a padres perversos y no tanto. La que puso su ojo cítrico para reírse de las imágenes de la caja boba. La que entraba sonriente al taller de escritura y el aire bohemio respiraba perfume francés. La misma que varias veces Roberto alabó en las arenas esteñas. “Belleza”, “glamoooouuur”. La blonda fuerte que encima ama leer chabones como Galeano o Benedetti. Y escribe cosas como “… colarme entre frazadas o ser un líquido turbulento e inestable que te recorre y se detiene para tragarte…”.
Es Prandi. Es Julieta. La mujer que está sola y espera que pronto, se abra la puerta y tal vez te encuentre.
Ya llevás un largo tiempo viviendo sola, ¿cómo te sienta esa independencia?
No hace tanto, apenas un año. Y sola de verdad, unos pocos meses. Aún sigo disfrutando las pequeñas cosas de llegar a casa y encontrar todo donde lo dejé.
Me refería a tu familia, pero ¿sola de verdad?
Estoy mejor que nunca.
Aunque la estés pasando genial, imagino que volverás a abrir tu corazón, ¿cómo deberá ser el futuro hombre que te conquiste?
Por suerte no existe el catálogo, no lo voy a inventar yo ahora. Sólo pido que al verlo sienta que se me mueve la tierra.
Escueta, concisa, si la mano viene por el lado de su costado afectivo más vale no insistir con pedirle más definiciones. En cambio, si buscamos sensaciones por el lado de Lucía Cavallero, una suerte de varias Julietas que aparecen tras ese seudónimo, quizás nos acerquemos un poco.
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